
Dijeron los Apóstoles al Señor: Aumenta nuestra fe. Entonces el Señor dijo: si tuvierais fe como un grano de mostaza, podríais decir a este sicomoro: Desarráigate y plántate en el mar y os obedecería. Lucas 17:5.
En cuestión de fe me siento con autoridad de confesar que la mía tiene una lucha conmigo a diario. Hay días en que siento dentro de mi corazón que todo lo que acontece en mi vida tiene un propósito, el Señor está trabajando en el plan que tiene para mí, pero saben, no dura. Mi yo, mi imperfección, el Espíritu Santo que vive en mí lo empequeñezco de tal manera que regreso muy al principio de mis inicios, cuando me rendí a Dios Todopoderoso.
Entonces, ¿será que la fe se gana? Fe, ¿qué es la fe? La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Hebreos 11:1. Y si, creo que se gana, Abel, Enoc, Noé, Abraham, todos ellos tuvieron que trabajar y ganar la fe que Dios inmortal quiere en nosotros.
Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que lo buscan. Hebreos 11:6.
Entonces te digo lo que hago al despertar después de dar gracias al Padre por darme un día más para demostrarle que puedo heredar el cielo. Me vuelvo valiente, me esfuerzo y trabajo para que mi fe crezca ese día, no importa qué pasó ayer y no miro lo que va a pasar mañana. Hoy, Señor amado, quiero agradarte y me lanzo en fe. El resultado solo lo sabe Él, pero mi confianza en Él solo me da paz y coraje para vivir para Él y por Él.
